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¡Eh tú! Fuera de mi playa
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El localismo existe en el mar Cantábrico, en el Mediterráneo, en Canarias, en Francia, en Hawai, en Australia…en todos los lugares donde una buena rompiente de olas haya sido descubierta por demasiada gente.
Se trata de un fenómeno en el que un grupo de practicantes de surf o bodyboard, llamados locales, exigen tácitamente un cierto grado de preferencia y respeto cuando están surfeando en una playa a la que son asiduos. “El localismo forma parte de la naturaleza humana, cuando frecuentamos mucho un sitio, es normal que lo tomemos por familiar” explica Marino Ramírez, tras cinco años de convivencia con este fenómeno, afirmando sin embargo que “pasar de eso a creer que la playa tiene propiedad, es pasar de localismo a imbecilidad”.
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Jorge Manuel “Cercata”, que ha realizado más de 12 viajes al extranjero con el objetivo de surfear en diferentes olas, afirma que “hay que ser espabilado, la clave para evitar el exceso de gente está en madrugar mucho, y en ir a sitios fríos, poco conocidos y de difícil acceso”. La vida del “espabilado” Son las 5:32am de un domingo de invierno y lo que mantiene despierto, al menos de momento, es el sonido del despertador, que lleva pitando más de un minuto.
La gente corriente no se levanta a las cinco y media de la madrugada para ir a la playa. Es más, la gente corriente no se levanta a las cinco y media, prepara una mochila con lo necesario, come un par de magdalenas, y con la tabla bajo el brazo, coge un transporte público seguramente lleno borrachos. Precisamente porque la gente corriente no se mete a surfear todavía de noche, hoy no existirá el problema de que haya demasiadas personas en el agua hasta dentro de una o dos horas. A menos que alguien se acerque y te intente echar de “su playa”. Si esto último ocurriera, estaríamos ante una de las situaciones que muestran la cara menos amable del localismo.
Según la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, y en virtud del artículo 132.2 de la Constitución Española, las playas y toda la línea de costa del país son de propiedad pública. Es decir, el localismo radical, al significar la apropiación indebida de un bien público, es perfectamente denunciable. “El problema no es el localismo, el problema es la gente. Cada vez nos comportamos más como cabras que como personas” comenta Ugaitz Unanue, practicante y fotógrafo de este deporte como muestra en su blog.
Kevin Orihuela, 2º en el Campeonato Barullo del Confital 2008, alude a la necesidad de los locales “para controlar y que exista un orden, siempre y cuando no se llegue a la violencia”. Y es que las normas del surf, como afirma Agustín R. tras sus más de diez años de experiencia entre este deporte, se basan en el “respeto a todos, se lleve diez años o diez minutos en una playa”.
Sin embargo, la concepción de localismo en el mundo de las olas no trae consigo siempre connotaciones negativas. Cercata afirma que actualmente asocia local con “un tío majo que suele surfear siempre en la misma playa”: “A las técnicas de intimidación de las que se valen algunos para amedrentar a la gente yo las llamaría mafia de las olas”.
Marcos Amor, practicante de bodyboard y fotógrafo que ha publicado algunos sus trabajos en la revista Surfer Rule, argumenta que “un localismo de los buenos puede servir de mucha ayuda, pues los locales más experimentados pueden explicar a los foráneos la forma de romper de la ola, las posibles corrientes y qué marea es la buena”.
“Nuestro”
En Australia, cerca de Sidney, existe un spot de olas llamado Cape Solander. Los locales del lugar, que se hacen llamar los Bra Boys, han impuesto una especie de condiciones para permitir la entrada a los que quieran surfear allí, e incluso han rebautizado el lugar como Ours (Nuestro).
En primer lugar, prohíben la entrada a los practicantes de bodyboard; y en segundo, no permiten surfear la ola a quienes pretendan valerse de una moto de agua para ser remolcados, apoyo que, aunque ilegal por la cerca
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